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Jarabo, el asesino que aterrorizó España,

próximamente en cines…

José María Jarabo Pérez Morris, más conocido como “Jarabo” fue uno de los asesinos  que más repercusión tuvo en los medios durante la década de los 50, tanto por su crueldad y sangre fría, como por toda la polémica y debate que se generó en el seno de la opinión pública.

Desde Enrique Cerezo Producciones Cinematográficas se está trabajando actualmente para llevar esta parte de la historia de España a las grandes pantallas, una historia que conmocionó y consiguió aterrorizar a la sociedad de mitad de siglo.

Madrid se despertaba una mañana de 1958 con la petrificante noticia de cuatro terribles asesinatos en la zona de El Retiro, tres de ellos en un mismo domicilio, otro en una tienda de empeños cercana a la vivienda.

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La radiografía

DE UN CRIMINAL

Jarabo desprendía ese aire sofisticado, elegante, cautivador y embriagador, como todo un caballero, una imagen que quedaba desfigurada al caer la noche. Aprovechaba sus dotes para engalanar a cualquier mujer, pero su adicción al alcohol y la mala gestión de sus fondos reflejaban su frialdad y oscuridad.

Provenía de una buena familia, estudió en el Colegio del Pilar de Madrid, aunque a los 17 años abandonó definitivamente la actividad académica. Era un hijo mimado por su madre, sin otra pretensión en la vida que no fuera su propio disfrute personal, llegando a gastar en dos años 15 millones de pesetas (Año 1950).

Vivió en Madrid, Puerto Rico, Nueva York… a costa de la paga que le propinaba su madre todos los meses. Entre idas y venidas de desvaríos nocturnos, su vida zigzagueaba entre las drogas, la prostitución y los líos de faldas, las peleas e incluso la cárcel, donde estuvo preso durante 4 años por pornografía y tráfico de drogas. (Nueva York)

El cuerpo

DEL PÉCADO, BERYL

Una turista inglesa se cruzó en la vida de Jarabo, ella era Beryl Marin Jones. Juntos se enroscaron en una apasionante relación, más intensa y profunda de lo normal, impregnada también por el derroche y el frenesí nocturnos que eran insignia de la vida de Jarabo.

Pero el dinero se agotaba y él tenía que seguir con sus negocios de contrabando. Con urgencia, buscaron la solución más factible: empeñar una de la joyas de Beryl, el solitario de oro que sirvió para pagar la cocaína que administraba Jarabo.

El marido de Beryl, preocupado por su situación, vino a buscarla y la llevó de vuelta a Lyon junto a él. Abandonó a Jarabo, pero no dejó de mantener relación con él, continuaron el contacto por correspondencia.

La maldita

JOYA

Tras la petición de Beryl para recuperar su anillo, Jarabo, aunque ya olvidado del tema, se encaminó a la tienda de empeños. No tenía el dinero, volvió, pero no hubo acuerdo, los prestamistas querían aprovecharse de la situación.

Cada vez que se presentaba en la tienda, cambiaban las condiciones, lo que supuso un punto de inflexión en toda esta historia. La sangre de Jarabo brotaba hasta la sién, pero frío y calculador, optó por conseguir el tan preciado anillo por cualquiera de las maneras.

Premeditado, pero improvisado

Jarabo entró en la vivienda del prestamista, Emilio, exigiendo lo que era suyo. A cualquier otra persona, la ira le habría llevado a cometer un crimen pasional, pero él tenía todo controlado. Fingió salir del domicilio, pero regreso sigilosamente al baño. Un disparo a bocajarro, en la nuca, se llevó la vida de Emilio.

La criada, alertada y asustada por el estruendo del arma, comenzó a gritar. Entre los utensilios de cocina, Jarabo encontró la solución: uno de los cuchillos atravesó el corazón de la pobre encargada, dejando su cuerpo inerte, desangrado.

La tercera víctima fue Maria, la mujer de Emilio. Con gran avidez, Jarabo se presentó como un inspector de Hacienda, cambiando de forma radical su personalidad y los hechos acontecidos para salir airoso. No tardó en descubrir el cadáver de su marido, por lo que Jarabo tuvo que sentenciarla con un disparo a corta distancia.

La elegancia

BAÑADA DE SANGRE

A pesar de todo el esfuerzo para recuperar la joya, no logró encontrarla en la casa de Emilio. Con las llaves de la tienda en su posesión, se encaminó para esperar a su otro socio. La justicia iba a acometerse, dos tiros penetraron en la nuca de Félix nada más abrir la puerta del negocio.

Llevó su traje impregnado por la sangre de sus víctimas a una tintorería, excusándose en una pelea mal parada que había tenido en un cabaré. Inevitablemente, los empleados no dudaron en ponerse en contacto con la policía, a sabiendas del cuádruple crimen que ya había aparecido en los medios.

La policía no tardó en dar con Jarabo, que no opuso resistencia alguna. A pesar de mostrar cierto arrepentimiento por el asesinato de las dos mujeres, la justicia no tuvo ningún miramiento en pedir las cuatro penas de muerte.

Jarabo sería finalmente ajusticiado con garrote vil el 4 de julio de 1959.

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